VOX POPULI, VOX DEI
Si bien desde el 11 de agosto las PASO anticiparon el triunfo, era necesario refrendarlo en las elecciones finales llevadas a cabo en el día de ayer, domingo 27 de octubre.
Esta vez la confrontación no estaba polarizada entre dos candidatos, ni siquiera entre dos filosofías políticas. El cúmulo de mentiras, las promesas incumplidas, la postergación sistemática de los sectores más desposeídos, la destrucción de las PyMEs y la cada vez mayor pauperización del sector inferior de la clase media dictaron la sentencia definitiva al gobierno de Mauricio Macri. Un gobierno que se caracterizó por su evidente privilegio para los pocos amigos que manejaban los servicios públicos que sufrieron, si no el más, unos de los mayores incrementos tarifarios a la vez que una inflación ridiculizada por el aún presidente -por suerte por pocos días más- en tanta y cuanta oportunidad podía referirse a ella durante su campaña política destacándose, de manera vergonzosa y vergonzante, en la mesa de su dilecta amiga Mirtha Legrand.
Hoy es imposible escaparse a los archivos. La historia actual se construye día a día con testimonios irrefutables que se convierten en documentos probatorios de los actos públicos, especialmente.
Cuando apareció la figura de Alberto Fernández, muchos no le ponían ni una ficha. Para colmo, armaba la chapa presidencial con Cristina F. de Kirchner de vicepresidenta.
Las primeras andanadas de todo tipo de proyectiles de los más variados calibres cruzaron por sobre la grieta apuntando al descrédito de la genuina intención aduciendo que era un modo de eludir las acciones legales pendientes, que al final íbamos a ver que sería ella la que mandase, que Alberto Fernández sería un simple títere de la Cámpora, que esta vez la propuesta emulaba aquella de Perón con el formato “Alberto al gobierno, Cristina al poder”.
Lentamente, con una singular calma y el temple adquirido en años de docencia académica, Alberto Fernández puso el pecho ante todos los que lo quisieron entrevistar enfrentando, incluso, a presuntos periodistas cuyos cuestionamientos, en contenido y forma, fueron rayanos en la mala educación. Y salió airoso.
Uno de los aspectos más cuestionados y argumento constante de la oposición ha sido, y es, los juicios o demandas pendientes de Cristina Kirchner y otros ex funcionarios vinculados al gobierno de esta. Su respuesta ha sido siempre la misma: “Será la justicia la que deba demostrar la culpa de lo que se los acusa. Estoy firmemente convencido de que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpa, así que no tengo mucho que decir al respecto”.
Puestos a cuestionar, los del otro lado de la grieta llegaron a destacar como tema preocupante el poco cuantioso patrimonio declarado. Casi el menor de los presidenciables que presentaron sus declaraciones juradas ante la Oficina Anticorrupción, con excepción de Del Caño.
Si bien no tendría que ser motivo de conflicto, un capital inferior a los $ 3 millones lo pondrá en la mira permanente de los buscadores de pelos en la leche. Un español diría “Palo porque bogas, palos porque no bogas”. En el barrio, se referirían a la gata Flora.
El punto más complicado de todo esto es que de mañana hasta el 10 de diciembre, fecha en la que correspondería que el actual presidente Macri entregue el poder al electo Fernández, faltan 43 días.
En esta semana, el comportamiento del dólar y los mercados internacionales serán los termómetros que permitirán ver la gravedad de la situación financiera que heredará el nuevo gobierno.
Algunos, cándidos, dicen que ya es poco tiempo para que Macri se mande más macanas. Otros, quizás menos que cándidos, conocedores de las conductas de los niños caprichosos, recuerdan que en apenas minutos un elefante en un bazar logra romper mucho. ¡Muchísimo! En el barrio, no pueden dejar de hacer referencia al mono con navaja.

Redaccion

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