SALARIO UNIVERSAL ARGENTINO

SALARIO UNIVERSAL ARGENTINO

Dada la existencia de una importante cantidad de gente que depende de la actividad diaria que realicen, sumados los desempleados y subempleados más un montón de trabajadores en negro, en el grupo de análisis que conforma la redacción de este portal hace tiempo que venimos hablando de la instauración de un salario universal para TODOS los argentinos, quedando por analizar la extensión a los extranjeros radicados.

El sistema sería muy simple. A cada argentino (y argentina, obvio) se le abrirá una caja de ahorro con su número de DNI y se le enviará una tarjeta de débito que deberá usar indefectiblemente para efectuar sus compras.

Cada año, con base en el presupuesto general, el estado establecerá cuál habrá de ser el monto mensual a depositar el día UNO de cada mes a cada habitante. Obviamente, ese importe deberá alcanzar para sufragar los costos básicos de cada persona con base en los precios protegidos.

¿Todos recibirán ese sueldo?

¡Sí! ¡Todos!

¿Los millonarios también?

¡Todos! ¡Absolutamente todos! Tanto pobres como ricos, empleados y desempleados, varones, mujeres, niños y niñas. Quizás haya una escala de edades y un depósito en fideicomiso para los menores de edad. Hay algunas cosas por ajustar, pero la filosofía es que todo el mundo tenga la comida y, de ser posible, los gastos básicos, garantizados.

Pero, volvemos a la pregunta ¿los ricos también?

¡Sí, claro! El secreto está en que debe ser universal. Todos reciben por igual. La diferencia estará en las tributaciones. En una nueva economía que privilegie la equidad, quienes más tengan siempre deberán tributar más para equilibrar la balanza de los que menos tienen.

Siempre se ha hablado del derrame del capital desde los que más tienen hacia los que menos tienen. Y esa es una rotunda falacia. En realidad, lo que se produce es un proceso de ósmosis invertida en la que la filtración se produce desde abajo hacia arriba. Gracias a la producción y al trabajo de los de abajo, los de arriba reciben sus ganancias que no siempre se reinvierten en beneficio de quienes las generan.

Eso es Marx, las plusvalías… ¡socialismo puro!

No necesariamente, aunque bastante parecido.

(Continuará)