Mariquita: Una mujer protagonista de su propia vida.
María de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, más conocida como Mariquita Sánchez de Thompson, nació el 1º de noviembre de 1786 en uno de los hogares más prestigiosos de aquel entonces. Era la única hija de don Cecilio Sánchez de Velazco y de doña Magdalena Trillo y Cárdenas, viuda en primeras nupcias de un riquísimo y poderoso comerciante de Buenos Aires llamado Manuel del Arco, cuya fortuna heredará Mariquita.
"En las imágenes escolares de la historia argentina, Mariquita es la graciosa anfitriona del salón en el que por primera vez se entonaron las estrofas de la canción patria. El óleo del chileno Pedro Subercasseaux recreó la escena en la cual Mariquita acompaña con el arpa al maestro Blas Parera, sentado al piano. (…) La escena transcurre en el dorado salón de los Thompson, en la casa de la calle del Empedrado (hoy Florida) donde se reunía la más elegante tertulia política y cultural de la época".
Así comienza el último capítulo del libro Mariquita Sánchez. Vida política y sentimental, que escribió la historiadora María Sáenz Quesada. Y es cierto. La imagen de Mariquita Sánchez que quedó en el inconsciente colectivo es la de la anfitriona que recibió a los patriotas la noche que se cantó el Himno por primera vez, hecho del que no hay mayor constancia que la tradición oral.
Pero Marica o Mariquita, según le decían sus allegados, fue más que eso. Se plantó al lado de la Revolución de Mayo desde el primer momento y a lo largo de su vida fue una comprometida política. En lo privado no se quedó atrás.
Cuando tenía 14 años, una edad en la que asomaban los primeros candidatos, recién había regresado a Buenos Aires un joven primo, Martín Thompson, proveniente de España, con el título de guardiamarina.
También había arribado otro primo. Nos referimos a Diego del Arco, 50 años, viudo, con cierta fama de mujeriego y jugador, quien pidió la mano de Mariquita. Don Cecilio Sánchez aceptó, sin detenerse en que la dama se había enamorado de Martín, de 23. La pareja, entonces, apeló a los clásicos encuentros a escondidas. Don Cecilio sospechó que se veían y apresuró la fiesta de compromiso de su hija y el cincuentón.
A pesar de que los padres ejercían un control casi completo sobre sus hijos –y más aún, sobre sus hijas– se acostumbraba contar con el consentimiento virrey que aprobara la unión. Lejos de sentirse satisfecha, María envió una nota al virrey Del Pino protestando por lo que consideraba una intromisión de sus padres en su elección de marido.
La noche de la fiesta de esponsales, Mariquita se negó a salir de su cuarto. Un oficial de Justicia acudió a preguntarle si confirmaba lo dicho en la nota de protesta. Ella no sólo lo confirmó, sino que anunció que ya estaba comprometida con Thompson. La fiesta se suspendió de manera escandalosa.
Mariquita Sánchez de Thompson fue una mujer protagonista de su propia vida
Don Cecilio llevó a su rebelde hija a un convento. Allí pasó un tiempo corto y regresó a su casa siempre firme en su posición. Diego del Arco desapareció de la escena y el sufrido Cecilio esperó en vano que su hija olvidara al primo Martín.
El joven Thompson había sido alejado de Buenos Aires. Pero en 1804 obtuvo el permiso para regresar. Cecilio Sánchez había muerto, pero aún contaba con la oposición de su suegra, doña Magdalena. Por eso, los novios acudieron al virrey Rafael de Sobremonte, quien falló en su favor.
Martín y Mariquita se casaron en junio de 1805. Los Thompson no tardaron en convertirse en un matrimonio muy querido por los porteños. Sobre todo, entre los de la generación de Mariquita, ya que para aquella camada fue una especie de justiciera con su acto de rebeldía. El caso fue tan resonante que el célebre dramaturgo Fernández de Moratín escribió la obra El sí de las niñas basada en esta historia de amor.
Así, esta mujer, que participó activamente de los acontecimientos políticos y literarios de aquellos años, que opinó y entabló polémicas sobre diversos temas, estuvo en boca de cuanto diplomático pisó suelo porteño, y con el correr de los años se convirtió en una verdadera embajadora rioplatense. Falleció a los 81 años, el 23 de octubre de 1868.
Una mujer que fue, ante todo, protagonista de su propia vida.
Fuente: Daniel Balmaceda,
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