Giordano Bruno, el místico "visionario"

Giordano Bruno, el místico "visionario"

Hace 418 años, un 17 de febrero del año 1600, tuvo lugar en Roma un acontecimiento dantesco.

Cientos de personas se reunieron en el Campo de las Flores (Campo dei Fiori) en Roma para ver morir en la hoguera a Giordano Bruno por orden de la Santa Inquisición.

Filippo Bruno, que a los 15 años cambiaría su nombre de pila a Giordano, era un hombre religioso de la orden de los dominicos que también escribía poesías y piezas de teatro, además de dedicarse a la filosofía y la teología.

Nacido en 1548 en Nola, Nápoles, acabó quemado en la hoguera por haber desafiado a la Iglesia e ir en contra de las ideas vigentes en aquel entonces como, por ejemplo, negar que la Tierra era el centro del universo.

La sentencia de muerte la impuso unos días antes de la quema pública el papa Clemente VIII, que le dio a Bruno la opción de renunciar a sus ideas y arrepentirse para salvarse.

Cuentan que mientras ardía en la hoguera, todavía tuvo fuerzas voltear la cara para rechazar un crucifijo que alguien le puso enfrente.

Siempre contestatario y con tendencias heterodoxas, llamó la atención desde muy joven su manera de entender la teología, algo que causó un gran malestar entre la comunidad religiosa.

Cuentan los historiadores que Giordano nunca se sintió aceptado por los religiosos.

Su calvario comenzó a los tres años de haber sido ordenado cura.

En su paso por varios conventos dominicos, lo acusaron de hereje y acabó por abandonar la Orden, motivo suficiente para ser excomulgado.

La Inquisición persiguió a diversos intelectuales que iban en contra de las ideas que en aquel entonces predicaba la Iglesia.

Giordano solo encontraría la paz durante sus años en París, Londres y Oxford.

Fue allí donde creció su fama como autor de obras de teología.

"Predicaba que el universo era infinito, que no tenía un único centro y estaba lleno de mundos habitados como el nuestro", explica Langhi que realiza investigaciones, proyectos y publicaciones en el área de astronomía.

Bruno creía que había "inumerables cuerpos como la Tierra y otros soles como nuestro Sol".

También decía que además de Saturno (el planeta conocido más lejano a la Tierra en aquel entonces), había otros que giraban alrededor del Sol.

El descubrimiento de Urano, en 1871, por William Herschel; Neptuno, en 1846, por Johann Galle y Plutón en 1930, por Percival Lowell demostraron que no se equivocaba.

El problema es que el controvertido teólogo no basaba sus teorías en datos y demostraciones científicas, sino en creencias religiosas y eso volvió a meterle en problemas al cabo de los años.

Aquellos que le acusaban de hereje eran cada vez más y en 1586 tuvo que huir de París después de escribir unos artículos insultando a los funcionarios y miembros de la Iglesia y reafirmando sus ideas.

Huyó a Alemania y quiso refugiarse en el luteranismo, pero también allí lo expulsaron.

Sin un lugar a donde ir, Bruno decidió volver a Italia después de 15 años.

Fue el peor error de su vida.

El noble Giovanni Mocenigo, con la excusa de que Bruno fuese su profesor, lo invitó a su casa pero acabó entregándolo a la Inquisición veneciana.

La máxima condena de la Inquisición era la quema pública en la hoguera.

A pesar de decir que sus predicaciones eran filosofía y no religión, el Santo Oficio decidió que su único destino sería la hoguera.

Giordano murió por mantener su postura. No estaba equivocado.

CUIDEMONOSENTRETODOS

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