TODOS SOMOS INOCENTES
Solo puede establecerse la culpabilidad de una persona mediante sentencia definitiva dictada en el juicio
La presunción de inocencia está universalmente reconocida como un derecho humano fundamental y como un principio básico en la administración de justicia penal. Cualquier sistema en que se considere a una persona culpable de haber cometido un delito por el simple hecho de ser acusada estaría por debajo de los estándares de justicia comúnmente aceptados.
La Constitución Nacional de la República Argentina, en su Artículo 18, establece que ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por Ley antes del hecho de la causa.
Hasta acá es la letra escrita, avalada por múltiples acuerdos internacionales y con el respaldo absoluto de la democracia como norma de vida.
La disparatera de Elisa María Avelina Carrió, que como muchos ostenta su título de abogada como si fuese razón suficiente para el aval de sus barbaridades, se empecina en universalizar como cierto lo que no es más que una teoría sustentada por cierto grupo de leguleyos, amanuenses y rufianes de diversas layas a los que se suman algunas amas de casa que “adoran a Lilita porque así hay que hablarles a estos negros de mierda, corruptos, ladrones, impresentables que afean nuestra hermosa Buenos Aires durmiendo en las calles sobre cartones. ¡Sucios!”.
Hay algunos recibidos de abogado que sostienen que “es una mera ficción carente de toda sustentabilidad el sostener que la presunción de inocencia se mantiene hasta tanto la sentencia quede firme.” Es decir, es lo que dice la ley, lo que defienden los acuerdos internacionales, pero no, para el es una mera ficción carente de sustentabilidad. Sabe que detrás de su palabra se agrupa una innumerable cantidad de gente que, víctima del temor instalado, de la violencia cotidiana, de los innumerables hechos brutales que difunden los medios porque el morbo vende, adhiere a una INjusticia rápida, sumaria, mucho más punitiva que garantista y todo lo que quepa bajo el manto conceptual de “quien nada debe nada teme” y el paraguas del “algo habrán hecho”.
—¡Entonces defendés a los motochorros, los feminicidas, los violadores, los corruptos…!
Sí. No. También y tampoco.
No soy yo quien defiende a nadie ni el que juzga. Son las leyes y los principios más elementales de la convivencia democrática. Nos gusten o no. Simplemente opino desde la convicción de que cuando se pierden los derechos y garantías de la inocencia como premisa nos convertimos en bestias. Un asesino suelto podrá matar una o algunas personas más. La pérdida de la presunción de inocencia nos expone a la muerte a todos, les da carta blanca a los asesinos en serio y en serie, transforma a la ley en letra muerta y a la justicia en instrumento de los poderosos más despiadados.
La democracia tiene defectos. ¡Muchos! Pero es el menos malo de los sistemas de gobierno que podríamos tener.
No dejemos que vociferantes fanáticos de sus falsas verdades abusen de la ignorancia de aquellos que, en algunos casos con buena fe, aceptan sus palabras como ciertas.
Discutamos, pero seamos serios en la discusión.
No hay una verdad absoluta, pero sí principios inclaudicables que pueden ayudar a construir algo parecido a ella.

Redaccion

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