UN DEBATE AL DIVINO BOTÓN

UN DEBATE AL DIVINO BOTÓN

Podríamos pasarnos una vida discutiendo o debatiendo qué es debatir y qué discutir.

A los efectos de este análisis, partiremos de la premisa de que el debate es la confrontación de ideas SIN FINALIDAD DE CONSENSO. Es decir que en un debate cada uno sale pensando lo mismo que pensaba antes de debatir. En la discusión, uno tira su discurso, luego el otro y luego, en una de esas, se acuerdan cuestiones en común. Hay quienes argumentan exactamente lo contrario. Pero por las condiciones propias del asunto sería casi imposible determinar si la solución está en debatir o discutir la cuestión. Algo así como una paradoja.

Ayer (domingo 13 de octubre) pudimos ver el debate entre los presidenciables de las elecciones del 27 de octubre.

“Nihil novum sub sole” decían los latinos que, de elegantes que eran, hablaban en latín. Nada nuevo bajo el sol, decimos en el barrio.

Quienes esperaban que Lavagna hablase de economía, se quedaron con las ganas ya que ahora, puesto en presidenciable, habla de todo menos de lo que sabe. No sea que le roben las ideas para ver si se cambia la tendencia en dos semanas.

Espert y Gómez Centurión salieron a afianzar los votos de la derecha recalcitrante, milica y antiaborto, olvidándose de los tantos abortos provocados en las cámaras de tortura de los impresentables de sus defendidos.

Del Caño, dio mucho menos de lo que se esperaba, pero cumplió con las promesas que debe haber hecho a sus seguidoras rematando una de sus intervenciones exhibiendo casi teatralmente el pañuelo verde que llevaba en su muñeca. La izquierda, claro.

Permítanme aquí una digresión.

Cuando alguien le atribuyó a Vladimir Lenin la frase "miente, miente, que algo queda", las redes sociales no tardaron en corregirlo: Lenin nunca dijo eso. Y aseguraron que el dicho le pertenecía a Joseph Goebbels, el jefe de la propaganda Nazi. Pero tampoco es cierto que él lo dijo.

Sus orígenes datan de mucho antes del siglo XX. La cita es asociada al filósofo francés Voltaire quien, a diferencia de los otros, sí la escribió en algún momento, específicamente en una carta del 21 de octubre de 1736: "La mentira solo es un vicio cuando obra el mal; cuando obra el bien es una gran virtud. Sed entonces más virtuosos que nunca. Es necesario mentir como un demonio, sin timidez, no por el momento, sino intrépidamente y para siempre [...] Mentid, amigos míos, mentid, que ya os lo pagaré cuando llegue la ocasión".

Pero parece ser que existen registros del siglo I D.C que le atribuyen la frase a Medion de Larisa, un consejero de Alejandro Magno. Así que es muy probable que el refrán exista desde antes de Cristo, por lo que básicamente se puede decir que es tan viejo como la mentira misma.

Bien. Como os imaginaréis, ahora iba a hablar de Macri. Me parece que no vale la pena. Quien esto escribe ya publicó en 2015 las mentiras que el Mauricio iba a decir. Y las dijo. No vale la pena andar repitiéndolas.

Síntesis, Alberto Fernández una vez más se llevó a la teleaudiencia en el bolsillo hablando claro, señalando a quien había que señalar y diciendo lo mismo que viene diciendo sin salirse para nada de su estilo calmo, preciso, sin histrionismos ni grandilocuencias.

Lo que reiteramos es que los debates plateados así son al divino botón. Primero, deberían participar los dos que encabezan las tendencias. Luego, deberían poder confrontar posturas de manera directa y sin demasiadas vueltas. Y si la queremos hacer bien, debería haber un moderador lo más imparcial posible que presente preguntas de un grupo de periodistas o cosa parecida.

Veremos qué pasa en el segundo round.