Verano

Verano

El solsticio de verano es el día más largo del año en el que nos baña con gratitud la poderosa y activadora energía del sol. Termina la primavera, denominada por la tradición mística celta como Beltane y se inicia el periodo del verano, llamado en la tradición celta Litha. Desde la época de los celtas, conectados con la magia de los ciclos de la tierra, se sabe que el solsticio de verano es un momento de transformación, acción e inspiración.

El término ‘solsticio’ proviene de dos palabras latinas, la primera es ‘sol’ que evidentemente hace referencia a nuestra más importante estrella el ‘sol’ que nos llena de luz, nos nutre y nos alimenta;  y la segunda es ‘sistere’ que literalmente significa ‘estar quieto’.

Cambian las estaciones, se inicia el verano en el hemisferio sur y el invierno en el norte, donde los días comenzarán lentamente a ser más luminosos, mientras que para el sur se irán oscureciendo.

Del 21 al 24 de diciembre son los días más oscuros del año en el hemisferio norte, y de esta particularidad es que surgen los rituales de luz de los festejos navideños, que parecen querer estimular al Sol para que vuelva a brillar e iluminar las jornadas.

Por su parte, en el hemisferio sur, sucede un fenómeno exactamente opuesto: comienza el verano, transcurren las jornadas más luminosas, y el Sol parece estar quieto entre el 21 y el 24 de diciembre. A partir del día 24, los días comienzan lentamente a oscurecerse y el Sol retoma su aparente camino hacia el norte.

En cada solsticio, el movimiento aparente del Sol propone renovar la propia energía vital y animarnos a tomar decisiones o a cambiar rumbos que nos permitan soñar nuevos proyectos que ganarán impulso para el nuevo año.

A aprovechar y recargar energía del sol. Con precaución vivamos un verano feliz.  

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